martes, 29 de diciembre de 2015

El cambio que poco cambiará



Los resultados de las elecciones no representan una gran sorpresa aunque todos nos hayamos sorprendido, han venido a confirmar en buena medida el éxito de la estrategia a que hemos estado sometidos el último año, cambiar de actores para tratar que no cambie mucho la política.

Quiere esto decir que hemos sido objeto de una conspiración, evidentemente no, no se trata de eso. Pero nadie negara que han sido muchas las fuerzas interesadas en encauzar debidamente el devenir de los acontecimientos para que este ciclo político terminara en el punto más cercano posible al de partida.

La telecracia ha operado como nunca antes habíamos conocido. Los medios  seleccionaron por nosotros a los protagonistas, que ya no serían los partidos sino sus candidatos, los clasificaron en actores principales, secundarios y de reparto, les asignaron un papel y un lugar en sus espacios que no fue difícil materializar mediante una administración arbitraria de sus propios recursos.

Cuando las televisiones de extrema derecha empezaron a llevar a Pablo Iglesias y a sus compañeros a las tertulias había un claro objetivo político, debilitar las opciones de izquierda y hacer imposible una alternativa solvente al PP,  cuando empezaron a ser asiduos de la sexta, también había un clara intencionalidad política y cuando el espectáculo se desbordo, el presidente de un importante banco clamo “lo que necesitamos es un Podemos de derechas” y no tardaron mucho en conseguirlo, Ciudadanos salió de su reserva catalana e ilumino a una parte no despreciable del electorado ¡lo que no consiga un banquero!

Se trataba de desgastar a unos, dividir a otros, motivar a los abstencionistas que interesaba, despertar preocupación por los posibles resultados desestabilizadores, silenciar a los no deseados, en suma, limitar los daños electorales previsibles, después de los sufrimientos que una parte importante de la población ha padecido con la crisis.

Para ello, era preciso sacar del foco los problemas reales, el paro, las condiciones de trabajo, los salarios, la sanidad, la educación, etc..., y meter en su lugar la artificial pugna entre lo viejo y lo nuevo, el conflicto entre generaciones y el “cambio” como elemento acaparador de todo, que exime siempre de concretar lo que verdaderamente se quieren cambiar y el cómo hacerlo, que en muchos casos suele ser más importante.

Encima de la mesa tenemos las conclusiones, en el mejor de los casos un empate, si lo miramos desde la óptica clásica de izquierda y derecha, de difícil desenlace donde ira cobrando peso la opción de repetir las elecciones.

Pero nos equivocaríamos si  resumiéramos todo al buen hacer de las derechas, que han sabido aprovechar sus oportunidades. Claramente las izquierdas han perdido el sentido de la orientación, se han dejado arrastrar, cuando no han sido protagonistas en primera persona, del mismo concepto vacuo del cambio, “el cambio que une” proponía el PSOE, “paso al cambio” pedía Iglesias en el cierre de campaña y reclamaba “5 acuerdos para un nuevo país” y Garzón también “Por un nuevo país”.

Para la izquierda alternativa que representaba Izquierda Unida, los resultados son demoledores y sin embargo se quieren presentar como aceptables, incluso algunos hablan de campaña heroica.

Pero sabemos que nuestra campaña ha sido la más personalista de nuestra historia, para terminar teniendo el mismo resultado que las encuestas nos daban antes de la misma. Conseguir movilizar a la propia militancia al final de la campaña más por despecho que por otra cosa, no lleva muy lejos como hemos podido comprobar.

Se quiere pasar por alto los meses que estuvimos llamando a las puertas de Podemos recibiendo desprecios, como si ello no nos hubiese descapitalizado políticamente, incluso en algunos casos nuestro candidato llego más lejos reconociendo valores ocultos en Podemos y defectos en IU cuando dijo textualmente "Me aterroriza que Podemos se pueda convertir en otra IU".

Evidenciamos públicamente que habíamos quedado eclipsados por Podemos, para cuatro días después, ya en campaña electoral, decir que “Podemos ha aceptado gran parte del discurso de la derecha” en palabras del candidato Garzón y ahora volvemos tras las elecciones, al discurso anterior a la campaña y reclamamos otra vez la unión con Podemos. Hemos tenido un discurso y su contrario. Es difícil encontrar en nuestro pasado reciente momentos en los que la improvisación, el tacticismo y la falta de criterio estuvieran tan presentes.

Parecería razonable que una vez tocado fondo, recobrásemos la serenidad y abriéramos un debate tranquilo sobre lo ocurrido y las iniciativas a tomar en el futuro, las propuestas políticas que queremos defender y como defenderlas. Por desgracia ya se oyen voces atrevidas que lo tienen todo claro, liquidar Izquierda Unida y crear una cosa que se llame Unidad Popular, los contenidos después, eso es otra historia...

Sinceramente creo que quienes se han equivocado tanto, en el pasado más inmediato, debieran ser más prudentes cuando hablan de futuro. 

Andrés Hidalgo

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